No es tanto que el pueblo tenga el gobierno que se merece. Se trata más de que la persona tiene el gobierno que quiere ver.
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| Fuente: Culturizando.com; https://culturizando.com/que-es-la-pareidolia/ |
Como en la fotografía, quien quiera ver caras expresivas, las encontrará. Y lo mismo sucede si lo que se quiere buscar en la imagen es un par de frutas. Se le llama "pareidolia" a esa capacidad que tenemos los seres humanos de interpretar y dar sentido a estímulos vagos y aleatorios.
Algo así, me parece, sucede con los gobiernos.
Aunque doloroso, lo sucedido el pasado 17 de octubre en la ciudad de Culiacán es un ejemplo insuperable. Veamos lo esencial: el desarrollo de un operativo donde se detuvo al hijo del narcotraficante Guzmán Loera se interrumpió; la intentona significó la liberación del capturado, tres o cuatro horas de movilizaciones, detonaciones, secuestro de vehículos, heridos y muertos. Hay, por supuesto, muchos más detalles y matices y ahí es donde entra, según me parece, la pareidolia.
Los mismos hechos, una semana después, son interpretados: 1) como una muestra de humanidad y acertada decisión, donde se privilegió el cuidado de la vida de personas inocentes (pues "no puede valer más la captura de un delincuente que la vida de las personas" siendo además congruente y humilde al aceptar los errores; 2) como la prueba de la ineptitud de un gobierno que ha desmantelado las instituciones, no sabe ejecutar, confunde las prioridades (a los narcos se les libera, a los empresarios se les encierra) y engaña a la gente con un discurso vacío.
En ambos casos, se selecciona la evidencia (y los dichos) más próximos a lo que ya querían ver para reforzar una idea ya construida. En esto nada nuevo, quizás. En todo caso, se siente más por el enfrentamiento que se ha estado institucionalizando desde diferentes trincheras.
Los mismos hechos, diferentes interpretaciones. Y cualquier argumento en contrario es descalificado: "por qué criticar ahora cuando antes nada hiciste", dicen de un lado; "no defiendas lo indefendible, hasta las maromas tienen sus límites", afirman los otros. Unos solo pueden ver las caras; otros, el chile.
Ojo: no abogo por el relativismo. No digo que lo sucedido en Culiacán sea, al mismo tiempo, bueno y malo. Lo que si digo es que cada quien ya trae puestos los lentes con los que quiere interpretar lo sucedido. Abrí este post y reitero: no es tanto que el pueblo tenga el gobierno que se merece; se trata más de que la persona tiene el gobierno que quiere ver.
Los gobiernos son las decisiones tomadas por quienes están al mando. Estas decisiones son de hacer y no hacer. Y pueden ser acertadas o no. Esa es la realidad. Lo demás es la interpretación que cada quien busque darle... y en esto ofrezco el término "pareidolicracia", el gobierno que cada quien quiera ver.
Para lo de Culiacán (y en todo lo demás) ya el tiempo nos dirá (más pronto de lo que nos gustaría) cuán acertadas o erróneas fueron las decisiones. Ya llegará el tiempo.
Algo así, me parece, sucede con los gobiernos.
Aunque doloroso, lo sucedido el pasado 17 de octubre en la ciudad de Culiacán es un ejemplo insuperable. Veamos lo esencial: el desarrollo de un operativo donde se detuvo al hijo del narcotraficante Guzmán Loera se interrumpió; la intentona significó la liberación del capturado, tres o cuatro horas de movilizaciones, detonaciones, secuestro de vehículos, heridos y muertos. Hay, por supuesto, muchos más detalles y matices y ahí es donde entra, según me parece, la pareidolia.
Los mismos hechos, una semana después, son interpretados: 1) como una muestra de humanidad y acertada decisión, donde se privilegió el cuidado de la vida de personas inocentes (pues "no puede valer más la captura de un delincuente que la vida de las personas" siendo además congruente y humilde al aceptar los errores; 2) como la prueba de la ineptitud de un gobierno que ha desmantelado las instituciones, no sabe ejecutar, confunde las prioridades (a los narcos se les libera, a los empresarios se les encierra) y engaña a la gente con un discurso vacío.
En ambos casos, se selecciona la evidencia (y los dichos) más próximos a lo que ya querían ver para reforzar una idea ya construida. En esto nada nuevo, quizás. En todo caso, se siente más por el enfrentamiento que se ha estado institucionalizando desde diferentes trincheras.
Los mismos hechos, diferentes interpretaciones. Y cualquier argumento en contrario es descalificado: "por qué criticar ahora cuando antes nada hiciste", dicen de un lado; "no defiendas lo indefendible, hasta las maromas tienen sus límites", afirman los otros. Unos solo pueden ver las caras; otros, el chile.
Ojo: no abogo por el relativismo. No digo que lo sucedido en Culiacán sea, al mismo tiempo, bueno y malo. Lo que si digo es que cada quien ya trae puestos los lentes con los que quiere interpretar lo sucedido. Abrí este post y reitero: no es tanto que el pueblo tenga el gobierno que se merece; se trata más de que la persona tiene el gobierno que quiere ver.
Los gobiernos son las decisiones tomadas por quienes están al mando. Estas decisiones son de hacer y no hacer. Y pueden ser acertadas o no. Esa es la realidad. Lo demás es la interpretación que cada quien busque darle... y en esto ofrezco el término "pareidolicracia", el gobierno que cada quien quiera ver.
Para lo de Culiacán (y en todo lo demás) ya el tiempo nos dirá (más pronto de lo que nos gustaría) cuán acertadas o erróneas fueron las decisiones. Ya llegará el tiempo.

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