Puede decirse que la idea general es que la corrupción de los países inhibe
la inversión. En el discurso político, al menos, es un recurso usualmente
empleado para enfatizar el significado de la llamada lucha anticorrupción.
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| Ilustración. No tengo los derechos. |
A partir de los resultados de investigaciones serias en la materia,
sin embargo, el consenso no es tan claro: mientras que hay quienes,
efectivamente, relacionan la presencia de corrupción con la disminución de la
inversión hay quienes la observan como un medio para “aceitar la máquina” y
saltarse algunos pasos y trámites de una burocracia deficiente.
En 2018, la colaboración académica de Daniel Mendes Pessegueiro,
Anibal Silva, Nuno Rosas Claúdia Frías, aportó un interesante estudio que
aborda la situación. Lo hacen, además, considerando dos aristas poco exploradas:
1) Distinguiendo diferentes tipos de corrupción (generalizada y arbitraria) y, 2)
Dado su enfoque particular en la Inversión Extranjera Directa (IED) la
distancia existente (no tanto en términos de kilómetros sino de las diferencias
en su organización, cultura, etcétera) entre los países de donde provendría la
inversión y a los que se destinaría.
El estudio se realizó observando el flujo de capital a 17 países de
América Latina desde 27 países de diferentes regiones en un periodo que
comprende los años 2010 al 2014.
Sobre los tipos de corrupción, señalan: La “corrupción arbitraria” se
relaciona con el factor de incertidumbre de los actos de corrupción, es decir,
el aprovechamiento de oportunidades en lo individual para pedir algún soborno o
arreglar los términos de una relación; la “corrupción generalizada”, por el
contrario, expresa un grado de práctica presenta ya en las instituciones o
hasta la sociedad misma. En la primera no se sabe “dónde saltará el conejo”
(también se le llama “corrupción desorganizada”, recuerdan los autores); la
segunda implica un panorama más estable donde no solo se sabe dónde está el
conejo sino qué tan profunda es la madriguera del conejo.
Lo que se esperaría es que la “corrupción arbitraria” fuera la que
inhibe la inversión (el capital no se siente cómodo en ambientes de incertidumbre)
mientras que la otra, la generalizada, pudiera tener efectos menores o, de
plano, ningún efecto.
En cuanto a la distancia existente entre países desde dónde provendría
el dinero y dónde podría invertirse, como ya se dijo, no se refieren a un tema
físico que pueda medirse en kilómetros sino a una distancia que se traduce en
diferencias de costumbres, prácticas, organización. Aquí lo intuitivo sería que
a mayor distancia (diferencia), menos inversión.
¿Y qué encontraron?
Contrario a lo que se esperaba, no identificaron de manera contundente
que la corrupción arbitraria disuadiera la inversión. Sobre lo de la distancia (diferencia)
entre países pareciera que, efectivamente, entre mayor sea el ánimo de invertir
disminuye. Esto a grandes rasgos pues, como los mismos autores señalan, la
agenda continúa y mucho más podrá decirse explorando otros casos, ampliando la
muestra, mejorando las definiciones.
NOTA. Este escrito es un esfuerzo de divulgación. No se olvide
consultar el texto de su fuente original, para identificar matices y detalles.
Aquí la ficha:
Pessegueiro, D. M.;
V. Ferreira, M. A. S. P.; Reis, N. R., and Pinto, C. S. F. (2018) The influence
of arbitrary and pervasive corruption on FDI inflows and the moderating effect
of corruption distance: evidence from Latin America. Internext – Revista
Eletrônica de Negócios Internacionais, 13 (1), 50-62. DOI:
http://dx.doi.org/10.18568/1980-4865.13150-62

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