Participación ciudadana post-COVID 19

Con la amable invitación de Ricardo Uvalle (UNAM), el pasado 22 de abril, participé en un conversatorio virtual sobre la participación ciudadana en el "Gobierno Abierto" en tiempos del coronavirus. Aprecio haberme encontrado como participantes a Freddy Mariñez (COLJAL) y a Edgar Ruvalcaba (UDG), voces autorizadas y de inmejorable trayectoria. La asistencia fue conformada, en el mismo formato, por estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

En el evento. Fotografía personal. 
Antes de participar, preparé algunas notas que, si bien no utilicé en su totalidad, sirvieron en el intento por hilvanar algunas ideas. Aquí pretendo desarrollarlas un poco más.

1. Debiera acordarse, primero, qué tipo de participación es la que se requiere en un esquema de "Gobierno Abierto".

Ésta es, ya por sí misma, una pregunta que da para rato. Algunas ideas ya las he compartido en un libro editado por El Colegio de Sonora en 2017, en la base teórica que realicé para el INAI y fue aprobado por el Sistema Nacional de Transparencia y un artículo publicado en una revista chilena.  No es el momento para extenderme en ello. Me quedo en una apreciación genérica: en "Gobierno Abierto", la participación ciudadana es complementaria de la acción gubernamental y con ánimos de colaboración y creación conjunta.

2. En este breve (pero intenso) tiempo del Coronavirus, cómo percibo se altera la conducta gubernamental.

No es del todo correcto asignarle voluntad a los gobiernos. La voluntad es, en todo caso, el de las personas que trabajan en el gobierno. Pero aún en ese caso, lo que se hace no es consecuencia directa de la voluntad: hay encuentros y desencuentros de voluntades, juegos (y jugarretas) en lo político, restricciones variadas en cuanto a la norma, la organización y los arreglos institucionales.

Pero, para poder avanzar en un plano general, asignemos voluntad al gobierno. Y, ya que en esas estamos, partamos del supuesto de que, ante el Coronavirus, su conducta se altera; es decir, al encontrarse gestionando una emergencia de salud (en algunos casos, ya se ha trasladado a un asunto de seguridad) lo gubernamental ha cambiado en sus prioridades e intereses y, como consecuencia, sus modos al proceder.

Ahí identifico dos asuntos: Primero, la urgencia genera incentivos para trasladarse de un esquema donde primaba la legitimidad de las decisiones a otro donde se enfatizará en la efectividad de las decisiones. Segundo, la idea de lo escaso estará más presente en el centro de las decisiones. 

 3. Suponiendo que lo percibido corresponda con la realidad, cómo incidiría este panorama en la participación ciudadana. 

Me parece disminuirán los espacios para la participación colaborativa. El "humor" gubernamental (otra vez asignándole voluntad) no estará dispuesto a demorar para construir acuerdos: frente a lo urgente, acercarán con quienes más confianza ya sientan; frente a lo escaso, localizarán sus recursos para apuntalar lo que más rápidamente pueda percibirse como respuesta a las necesidades.

Consecuente con ello, la participación ciudadana podría encontrar otro ámbito con valor: el de la participación como contrapeso. O, si se quiere, el entender que el ser contrapeso es otra manera de crear conjuntamente un orden en lo social.

Fin.

Podrá no tratarse de encontrar el hilo negro, pero con esas notas participé. Las ideas originales, afortunadamente, germinaron alimentándose del parecer y las reflexiones de los profesores Uvalle, Mariñez y Ruvalcaba.

Claro está: esto apenas comienza. 





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